La Presidenta y el Paganismo

La Inconsistencia de un Estado «Laico» que Busca el Poder Espiritual

En los últimos días, México presenció un evento de gran simbolismo: la entrega del bastón de mando a Claudia Sheinbaum como presidenta del país. Este ritual, realizado por representantes de los pueblos indígenas y afromexicanos, invocó fuerzas espirituales, nahuales, ancestros y la madre tierra, atribuyendo a estas entidades el poder de guiar a nuestra nueva líder. Este acto revela una realidad inquietante: el matrimonio entre el estatismo y el paganismo.

El Laicismo: Una Quimera Inalcanzable

Se nos ha hecho creer que México es un Estado laico, donde la religión y el gobierno están separados. Sin embargo, el laicismo puro es una quimera. Toda sociedad inevitablemente adora algo; si no es a Dios, será a otra entidad. En el caso de muchos Estados modernos, esa entidad es el propio gobierno. Con el estatismo, se cree que el Estado es el supremo garante de la justicia, el bienestar y la paz, y termina usurpando el lugar del Dios verdadero. Al igual que la idolatría de antaño, el estatismo ofrece falsas promesas de salvación y prosperidad. En lugar de buscar en el Creador dirección y provisión, el Estado reclama para sí una autoridad divina y una capacidad que nunca podrá cumplir.

El Estatismo: Religión con otra Máscara

El estatismo es, en última instancia, una forma de religión falsa. La entrega del bastón de mando es un claro ejemplo de cómo el poder político busca legitimarse invocando fuerzas espirituales que no provienen de Dios, sino de creencias paganas que elevan la naturaleza, los ancestros y los espíritus como fuentes de autoridad. Al adoptar estas prácticas, el gobierno busca consolidar su propio poder bajo la fachada de lo espiritual. Se debe mencionar que López Obrador fue el primer presidente mexicano en recibir el bastón de mando en 2018. Muchos cristianos han elogiado a AMLO y sus políticas, pero este acto espiritual que marcó el inicio de la llamada «Cuarta Transformación» debería hacernos reflexionar. ¿Cuáles son las fuerzas espirituales detrás de este movimiento?

Es irónico que un Estado que profesa estrictamente la separación entre religión y política incorpore abiertamente rituales religiosos para validar a sus líderes. Este tipo de prácticas no son neutras; son manifestaciones de la adoración al poder humano y, en última instancia, a la creación en lugar del Creador. No es si la sociedad va a adorar, sino qué o a quién va a adorar. Es decir, la formación de un estado laico es una realidad que no se puede mantener a largo plazo. Tarde o temprano, los verdaderos dioses de tras de tal gobierno se revelarán. En el estatismo, el mismo gobierno se eleva a sí mismo como la fuente de toda justicia y bienestar y esto eventualmente encontrará su complemento en formas de paganismo que buscan justificar su autoridad.

El Paganismo: Un Conveniente Aliado del Poder Político

El paganismo es especialmente conveniente para aquellos en el poder, porque permite una visión del mundo donde no hay rendición de cuentas a un ser superior y trascendente. Bajo esta cosmovisión, el gobierno se convierte en la máxima autoridad, sin necesidad de someterse a la ley de Dios. Los rituales paganos, como los que vimos en la entrega del bastón de mando, no solo reflejan un rechazo a la fe cristiana verdadera, sino que también legitiman la idea de que el poder humano no tiene límite, que el Estado puede operar sin una moralidad objetiva que le exija justicia, misericordia y rectitud.

La historia nos enseña que cuando los Estados se asumen como deidades o como los máximos guardianes del bien, el resultado es la opresión y el abuso del poder. La redistribución forzada de la riqueza, bajo la apariencia de justicia social, ha destruido naciones y ha dejado a los más vulnerables en situaciones de miseria. Pero lo más trágico es que, cuando el Estado se convierte en objeto de adoración, nos alejamos de la verdadera fuente de justicia y paz: el Dios vivo, que es el único capaz de transformar realmente una sociedad.

Jesucristo, la Única Esperanza de México

Dios nos llama a oponer tanto la falsa religión del Estado como las prácticas paganas que buscan legitimarlo (Daniel 3:12). Como cristianos, debemos entender que la verdadera solución para México no reside en rituales espirituales sin fundamento en la verdad. No se trata de invocar fuerzas cósmicas, sino de reconocer que solo hay un Dios que tiene el poder y la autoridad sobre todas las cosas: el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Él es quien da sabiduría verdadera a los gobernantes (Proverbios 8:15-16), y es solo en Él donde encontramos el camino hacia la justicia, la paz y el bienestar para todos los pueblos. Que México, en lugar de seguir adorando a ídolos, busque al único Dios verdadero, quien tiene el poder de traer luz en medio de nuestra oscuridad.

Oremos por la Presidenta Sheinbaum y por los demás lideres de la nación que dejen de buscar en prácticas paganas y oscuras la guía para gobernar, y en su lugar, busquen al único Dios verdadero. No es la madre tierra quien puede traer bendición a nuestra nación, sino el Creador de los cielos y la tierra, quien ya ha dado a su Hijo para redimirnos y guiarnos. Es Su evangelio que cambia los corazones y transforma las vidas, familias, pueblos y naciones. Solo la Fe Cristiana provee una cosmovisión única donde el poder del Estado no es absoluto, sino que está sujeto a un Dios justo y misericordioso que actúa como juez supremo. Este principio establece límites y regula el poder, protegiendo los derechos fundamentales de todos. En lugar de fomentar una lealtad ciega al Estado o un nacionalismo sin límites, la enseñanza bíblica aboga por un equilibrio en el poder y una responsabilidad moral que limita la autoridad civil para proteger la libertad de conciencia y la justicia (Romanos 13:1-7, Salmo 72:1-4). La moralidad «progresista» se va modificando con el tiempo y conforme a las modas de la sociedad. Como consecuencia es inconsistente, busca proteger a algunas mujeres pero no a todas. Por ejemplo, promueve la matanza de muchas mujeres no nacidas con la legalización del aborto en nombre de derechos para la mujer. Sin embargo, un entendimiento cristiano de la dignidad del ser humano creado a la imagen de Dios establece las bases para la igualdad ante la ley para todos: los pueblos indígenas, las mujeres, los bebes todavía en el vientre, los pobres y los extranjeros.

En resumen, este evento nos recuerda que no hay neutralidad espiritual. Cada nación servirá a algún dios, sea explícitamente o no. Como cristianos, es nuestro deber orar por nuestros líderes y recordarles que el Dios que deben servir es el que ha revelado Su verdad en las Escrituras. El camino hacia la verdadera sabiduría y prosperidad nacional no se encuentra en los rituales ancestrales ni en la adoración a la naturaleza, sino en la sumisión al buen gobierno de Jesucristo, la única esperanza de México y de todas las naciones.

«Exhorto, pues, ante todo que se hagan plegarias, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad.

Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, testimonio dado a su debido tiempo.» 

1 Timoteo 2:1-6 NBLA