Calificaciones: sus usos y abusos

Como educadores clásicos y cristianos, necesitamos re-evaluar cada aspecto de la educación moderna y considerar su propósito a la luz de nuestra misión. Douglas Wilson recientemente publicó un articulo provechoso sobre el tema de las calificaciones. Destaca el hecho de que al calificar a los alumnos con un porcentaje o con letras o números, estamos utilizando un lenguaje simbólico o un sistema metafórico para representar su desempeño y habilidades. Este lenguaje metafórico es una forma de representar conceptos abstractos relacionados con los logros de cada alumno.

Además, Wilson observa correctamente que habitamos una sociedad dominada por la tecnología industrial y que por ende nuestras prácticas y sistemas educativos han sido influenciados por la industrialización, donde se valora la eficiencia y la estandarización. Como resultado, las metáforas utilizadas para calificar a menudo se alinean con conceptos industriales como la medición, la cuantificación y la uniformidad.

Con el tiempo, las personas se han acostumbrado tanto a estas metáforas que ya no se dan cuenta de lo inusuales y alejadas de la verdadera experiencia educativa que puedan ser. Esta desconexión entre el sistema metafórico de calificación y la naturaleza real del aprendizaje puede llevar a malentendidos y a centrarse en las calificaciones como un fin en sí mismo, en lugar de considerarlas como herramientas para medir el aprendizaje y el crecimiento. Debemos considerar si nuestra práctica de calificar reemplaza o refleja la esencia de nuestra visión para la educación clásica y Cristo-céntrica.

Con verdadera perspicacia, Wilson muestra que el valor de las calificaciones es más evidente en disciplinas cuantificables como matemáticas y vocabulario, donde los resultados se pueden medir con mayor precisión y la objetividad es más factible, pero que en áreas como literatura y arte, las calificaciones pueden volverse altamente subjetivas, ya que la apreciación de la creatividad y la diversidad de expresión son elementos importantes.

El abuso de las calificaciones puede dar lugar a una mentalidad centrada únicamente en obtener calificaciones altas, e impedir un aprendizaje auténtico y la exploración de ideas. Hay alumnos que son muy buenos en estudiar para aprobar los exámenes, pero unos meses después no recuerdan casi nada, o al menos no valoran lo que han estudiado porque su enfoque exclusivo era obtener una buena calificación. Esta obsesión con las calificaciones también se puede dar lugar a prácticas deshonestas, como el engaño (hacer trampa), que socavan aún más la integridad del proceso educativo. Si la educación es para la gloria de Dios entonces esto implica participar en el aprendizaje con gozo y un verdadero interés en la cosa que se puede aprender, recordando que es parte de Su creación.

Wilson concluye con la siguiente ilustración reveladora: «Las calificaciones deberían ser como un termómetro de carne que te indica cuándo el pavo ha estado en el horno el tiempo suficiente. Sin embargo, cuando esta ilusión de la que estoy hablando se apodera, el termómetro se guarda en un lugar donde la temperatura puede ser cuidadosamente monitoreada por expertos en educación, siguiendo rigurosamente el manual de políticas, pero donde no hay pavo ni horno.»

«Esta desconexión entre el sistema metafórico de calificación y la naturaleza real del aprendizaje puede llevar a centrarse en las calificaciones como un fin en sí mismo, en lugar de considerarlas como herramientas para medir el aprendizaje y el crecimiento. «

Resumen:

  • Las calificaciones se utilizan ampliamente en la educación pero a menudo se dan por sentadas.
  • Sirven como un medio para medir el progreso de los alumnos y su aptitud pero no son la meta o fin principal de la educación.

Puntos Clave:

  • La calificación es un sistema metafórico que refleja influencias industriales.
  • El significado de las calificaciones en la educación puede ser ambiguo y subjetivo (especialmente en los contextos de literatura y arte)
  • Tenemos que tener cuidado de no crear un ambiente donde los estudiantes se obsesionan con las calificaciones en lugar de valorar la verdadera esencia del aprendizaje.
  • El beneficio de las calificaciones es más obvia en materias cuantificables como matemáticas y vocabulario.
  • El abuso de las calificaciones puede llevar a personas centradas en las calificaciones y al hacer trampa, obstaculizando la educación genuina.

Conclusión:

  • Las calificaciones deberían ser herramientas para medir el progreso de los estudiantes.
  • El mal uso de las calificaciones puede opacar el verdadero propósito de la educación, que es la experiencia de aprendizaje y la adquisición de conocimientos para la gloria de Dios.